Alexandra tiene quince años pero sorprendentemente parece de treinta. Se dirige muy lentamente, aunque en realidad tiene afán por complacer su curiosidad. Camina lo más rápido que puede y de un momento a otro se siente tan cansada que se sienta al lado de un árbol sin vida que se encuentra en la calle. La tristeza la embarga pero su cuerpo está tan exprimido que rara vez ha visto una lágrima salir de sus ojos.
Después de más o menos veinte minutos escucha unos fuertes lamentos por parte de las pocas personas de lo que quedaba del pueblo. Su cerebro agotado logró captar la terrible noticia tan temida por todos. Sigue su camino hacia la única casa con electricidad y televisor en toda la zona para confirmarlo. Un recorrido de cien metros le pareció una eternidad pero ¡por fin! Miró a su alrededor, solo había caras que reflejaban resignación a la muerte. Alexandra ya había visto esas caras antes: en su hermano, en su madre, en su padre, en sus tíos… es más, ya su vida no la veía como verdadera. Es como si se diera cuenta de que es ella la que está muerta y no toda su familia. Pero… peor aún, si en realidad estaba con vida lo detestaba. ¡Esto no es vida!, ¡es una tortura! Lo único que falta es “vivir” en aquel paraíso que prometió Jesús porque no creo que ahora exista alguna manera de reencarnarnos, pensaba.
Alexandra miró hacia la cama en donde se encontraba la persona con mayor edad en todo el territorio. Solo tocía y tocía. ¿Cómo puede una persona de 26 años encontrarse en ese estado? Ya la vida no vale nada para nadie, hasta los escasos animales lo reflejan en sus rostros hambrientos. Es increíble que nuestros ancestros nos acecinaran a costa de sus grandes comodidades.
Posteriormente Alexandra fijo su mirada en una mesita muy antigua. Fue con lentitud ya que sus huesos se sentían resentidos por la caminada de ahora, cogió un periódico que, según la fecha, era de la semana pasada. Se puso sus gafas y empezó a leer con sus ojos a punto de serrarse del cansancio:
LUNES 27 DE JULIO DE 2099
LA MÁQUINA DEL TIEMPO, NUESTRA ÚNICA SALVACIÓN.
Yo como escritor y persona de este país me encuentro verdaderamente desconsolado con el estado en que nos encontramos ahora. Nuestra destrucción se nos ha salido de las manos de manera imposible de pensar para los antepasados. Al parecer lo único que queda es esperar la muerte, esperar a que la naturaleza acabe de tomar cartas en el asunto. Les confieso que no tengo ganas de seguir con esta tortura, pero no me atrevo a agarrar un cuchillo y utilizarlo contra mí, mis principios me lo impiden. Luego de sentarme y pensar un buen rato me vino una pregunta que al principio me pareció tonta, pero que me ayudó a comprender, en cierta medida, el estado en que nos encontramos: ¿Podremos volver en el tiempo? De repente aparecieron varios comentarios en mi mente.”Antes era solo un capricho por desafiar las leyes de la naturaleza pero ahora lo necesitamos de verdad, es el único camino para organizar las cosas. Nuestra experiencia necesita ser escuchada por aquel que prefirió tomar café en un baso desechable de icopor, por el responsable de acabar con el trópico amazónico y por todos los que contribuyeron al crecimiento de esta cruz que cargamos cada uno de nosotros. Si pudiéramos por una sola vez ir por lo menos un siglo más atrás, donde había todavía vida reconfortante, ríos por todos lados y oxigeno muy limpio en muchísimos lugares, haríamos exitosa la unión del hombre y la naturaleza. Me imagino muchas plantas a mi alrededor, ¡QUÉ EMOCIÓN!, me veo como un niño con un juguete nuevo pero con ganas de preservarlo para siempre, disfrutándolo pero sin necesidad de destruirlo”.
Acabo este pequeño escrito despidiéndome del mundo y con la esperanza de que el mensaje de los dolientes llegue al pasado, claro que estoy consiente que las posibilidades podrían ser nulas, pero es lo único que encuentro de soporte para poder seguir con esta “vida” tan dura.
Juan María Otálvaro. Escritor.
Alexandra se acostó al lado de aquél moribundo con la expectativa de despertarse con un poco más de ánimo aunque en el fondo sabía que no iba a ser así. Sabía que su vida era de dolor y sufrimiento sin importar todo lo que descansara.
Soñó en el mundo que imaginaba el señor Juan María, se veía a sí misma, por primera vez, feliz y saltando en un campo, donde se encontraba todo para su satisfacción. Comía manzanas, naranjas, bebía toda el agua que podía. Pero de repente todo se fue oscureciendo, no por que haya llegado la noche. Era más bien unas tinieblas que reflejaban miedo, sintiéndose ahora terriblemente. Estaba muerta en vida.
Sufría tanto que inmediatamente se despertó muy asustada pero ese sentimiento seguía. Como si estuviera todavía soñando.
Miró a su alrededor. Había gente durmiendo en el suelo o ¿estaban muertas? Se encontraban otros despiertos pero no les importaba nada en absoluto, además ya todos tomábamos la muerte como algo frecuente. Era muy común morir. Lo extraño era el nacimiento de un bebé, era la forma de ver algo de vida en este mundo tan sombrío.
Se levantó de la cama e inconscientemente dirigió la mirada a la almohada, más pelo o mejor dicho menos pelo para la joven Alexandra. La envidia se apoderó de ella. Deseaba locamente vivir en el pasado, quería sentirse satisfecha por primera vez con su vida, ambicionaba haber tenido su fiesta de quince “con todas las de la ley”, su mamá llorando de felicidad después de cantar los mariachis, su padre sacándola orgullosamente en el Valls… ¿Por qué no moría de una vez por todas?, ¿Qué más me queda por hacer?
Miró de nuevo hacia la mesita en donde encontró aquel periódico con la nota del Sr. Otálvaro. Había un pequeño lápiz con una hoja arrugada. Alexandra se dio cuenta de que debía escribir, tenía que desahogarse de alguna manera y ésta era la más adecuada debido a las circunstancias en que se encontraba. De alguna manera no quería que su visita por el planeta tierra fuese en vano, quería dejar algo aunque nadie lo utilizara, así sea que sus escritos estén únicamente en su mente y en una hoja de papel que quedará en el olvido.
Según un poco de conocimiento de la historia inculcado por mis padres, ya que aquí no existen escuelas, me doy cuenta de que la vida en realidad es lo más hermoso e impresionante. Con la mano en el pecho les digo que no es lo que yo, ni todos los que quedan vivos, sienten en este momento. Quiero que sepan, personas del pasado, que los perdono de corazón por todo el daño que nos están causando, por haber matado a todos sus hijos. Los perdono porque estoy consciente de que yo hubiese hecho lo mismo si no tuviera esta experiencia tan dura de superar. Muero tranquila, por fin se me acabara el sufrimiento. Aprovecho para informarles de que el intento de vivir en Marte fracasó. ¿Por qué creen que fracasó? Pues les tengo la respuesta: por que el único planeta apto para vivir en nuestra galaxia ha sido el que anteriormente se conocía como “el planeta azul”, porque contábamos con un tesoro muy valioso pero el hombre lo gastó más rápido de lo que llegó a sus manos y buscábamos vida en otro lugar cuando aquí teníamos de sobra.
Estoy totalmente defraudada de la evolución, ya que provocó la existencia de un ser que acabó con él mismo y con todo a su alrededor. Cuanto quisiera que este mensaje llegara hacia ustedes, que sintieran más amor por vosotros mismos y por lo que les da la vida.
Luego de terminar salió por primeras vez, en mucho tiempo, una pequeña lágrima de sus ojos. Esa gota reflejaba el sufrimiento de toda la población, le hacía ver al mundo el fin de la existencia del ser humano. De una u otra forma era un descanso para la naturaleza el hecho de sacar de ella la suciedad que la atormentaba, es triste pensar así pero, en cierto modo, es la dura verdad. Alexandra salió a la calle, deseaba morir junto a aquel árbol, quería morir ante un ser inocente y no ante tanto culpable. Viendo el sol que contribuyó a la creación de la vida y la supervivencia de las plantas, brindándonos la energía de todos los días. Siguió y siguió con su escrito en sus manos.Se acostó, muy tranquila, junto a una raíz podrida por el tiempo. Colocó su nota en su pecho e inmediatamente se durmió para nunca más despertar.
El árbol cobró vida, el viaje en el tiempo llegó, pero ya Alexandra no existe. Sólo queda de ella aquel papelito arrugado que lleva consigo la mente del futuro. Tal vez alguna fuerza sobrenatural contribuyó a que esto sucediera, quien sabe, pero lo importante es que está ahí, dándole una expectativa de vida a las generaciones futuras.
La gente pasaba sin mirar al árbol tan especial. Ya las personas perdieron el interés por las cosas verdaderamente bellas. El tiempo pasó, dos años, cinco años, diez años… absolutamente nadie se interesó en el árbol y mucho menos por recoger la “basura”, es decir, la hoja de papel, que seguía estando en el mismo sitio en donde murió o, mejor dicho, morirá Alexandra.
Al parecer no hay alguna manera de cambiar el pensamiento del “hombre del pasado” para contribuir a que “el futuro tenga más futuro”.
Solo queda un llamado de los hijos de nuestros hijos que no queremos escuchar, no seamos egoístas. Pensemos a los que en verdad les tocará sufrir de nuestros actos, ¿es mucho pedir una mejor vida?



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