CAPÍTULO V: “EL ENCUENTRO DE DOS MUNDOS CONTRADICTORIOS”
Elizabeth conocía su situación. No sabía cómo, pero todo conocimiento que tenía que ver sobre el lugar en el cual se encontraba vino a su mente después de ahorcarse. Sabía que allí podría tener lo que su conciencia le proyectara.
Mientras caminaba por un sendero imaginativo vio a lo lejos a una niña sentada y llorando. Una niña con cara de Sofía, con su blusa desgastada y pantalones rotos.
- Hola Sofía, es muy raro ¿No?
Como era de esperarse, Sofía se asustó y con voz temblorosa dijo:
- ¿A qué te refieres?
- El estar aquí, en otra realidad – aclaró Elizabeth.
- Sí- respondió cautelosa y penosamente.
- Podría ser peor, aunque sinceramente jamás pensé terminar así, tan lejos de casa y a la vez tan cerca; tan felices pero con penas; tan despiertos y dormidos- y luego de ver la cara de pregunta que mostraba Sofía, preguntó- Me imagino que tu muerte fue algo inesperado, pero ¿Cómo fue?
- No comprendo…
- Sí, el hecho de que estés aquí refleja tu muerte temprana, aunque si te sientes incómoda el decirme, lo comprenderé.
Por más que lo intentaba, Sofía no lo decía, ya que ella creía no saberlo… en un santiamén Elizabeth tuvo como por arte de magia las imágenes trágicas del asesinato de Sofía. Lo único que faltaba era encontrar a la persona culpable de tal hecho, para que su misma mente constructora y demoledora no se torturara más.
La miró con compasión, pensó en lo torturadora que ha de ser la eternidad cuando predomina la duda o, mejor aún, el afán por olvidar cosas que es mejor no recordar… supo lo equivocada que estuvo toda su corta vida pero a su vez comprendió que fue el mismo saber que permitió que Sofía terminara en ese estado de aparente inocencia y dolor de ojos. Dolor por ver la defraudación, dolor por observar el desánimo; dolor por sentir las lágrimas gracias a las heridas del pasado.

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