miércoles, 2 de noviembre de 2011

CAOS

CAPÍTULO VII: "Buenos Días"

El dolor momentáneo y cíclico abren muchas puertas con respuestas en el interior de un cuarto, respuestas no tan verídicas que llevan a un estado de confusión y desespero. Buscaron por tanto y tan poco tiempo, encontraban inseguras soluciones... hasta que decidieron inconscientemente crear sus propias historias.

Sofía habría de vivir en una pintura imaginada en alguna clase con un tal profesor Juan, pero un día como cualquier otro, acabaron con su vida al dañar los sueños de la artista.

Elizabeth ignoraría de seguro a unos señores que la cuidaron desde niña, mientras su interior pedía desesperadamente atención y escucha.

Sin querer consolaban sus impenetrables recuerdos, aquello que vivieron en el mismo instante, lo que las unió a pesar de estar en mundos casi que completamente diferentes, eso por lo que están tristes...

En algún momento, este trance de creaciones complicadamente iguales se junta paralelamente con un abrazo. Acto que desprendió como ningún otro sus manchas pretéritas. Niñas que sueñan para no versen, que indagan para no acertar y que se unen para no estar solas.

De momento las dos niñas abrazadas se ahogan en llanto porque su interior sufre aclamando atención, mientras sus mentes se controlan con la imaginación, sus almas le recuerdan a la mente y sus sueños consuelan al alma..

Se calman un poco para relajar sus ojos y que no se enteren los demás, se quedan pensando por unos instantes y se dan cuenta que es esto lo que viven todos los días, que jamás lo han podido olvidar aunque lo deseen con todas las fuerzas de su ser, que ya no son las mismas desde que fueron tocadas y que ahora necesitan la ayuda que tanto negaron.

En algún lugar del mundo se despierta Elizabeth en el mismo instante que lo hace Sofía en otra parte. ¿Qué más pueden hacer si esa es su realidad?, ¿Qué pueden sentir dos niñas con marcas de por vida en sus cuerpos? y por último, ¿Podría su imaginación hacer que olviden el hecho?

Al parecer ni ellas tienen la paz suficiente para resolver sus inquietudes, que sólo tienen tiempo de transformar sus sentimientos en manifestaciones exageradas, pero ha llegado el momento de respirar profundo y seguir actuando como si nada hubiera pasado. Como si el padre de Sofìa no la hubiese tocado todos estos años de vida y ahora además de despreciarla lo hace con su hermana menor, pero sí, llegará el día en que explote y se escape a iterar el pasado de su madre y buscar un mejor futuro, quizás, para la nueva víctima.

Y Elizabeth antes de salir de su habitación piensa por último: ¿Cómo mi hermano puede desear mi cuerpo de esa manera?... pero a diferencia de la otra niña Sofìa, ella se resigna y piensa dejarse llevar por esa vida de amor carnal, a que su hermano siga con sus manías para ver si algún día se cansa y por fin puede empezar con su vida infantil.

Mujeres que viven otra dimensión pero anhelando llegar de regreso, sólo dos preguntas más... ¿Quién no podría ser la víctima? y ¿quién no el victimario?

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