Suena el tirrín del despertador pero Elizabeth lo tira hacia al suelo y vuelve a dormir. Luego de un tiempo, su nana la levanta con un delicioso desayuno a la cama, pero no lo consume por miedo a engordar. Niña frágil, niña a la moda; niña en un camino suicida.
No es necesario describir cada centímetro de su casa porque todo era deslumbrante desde el baño, hasta la cuchara que utilizan para comer sus grandes manjares.
- Elizabeth, coma, así sea poquito- dijo la nana- mira que hay gente que no tiene para vivir y usted negándose a comer.
Claro, las palabras de siempre, pero al igual que cada día, sólo lograba que tomara un traguito del delicioso jugo y una tajadita de papaya.
A Elizabeth siempre le encantaba lucir bien para sus pretendientes a pesar de sus escasos diez años de vida. Pero qué, es su pasatiempo, y sus ganas de sentirse más importante, ya que es la única forma de que lo logra.
Su vida es muy envidiada por muchos, de hecho en las calles de las ciudades y pueblos siempre existe aquel Robin Hood pirata que busca su supervivencia.
Llegó a su escuela privada. Privada como muchos de sus estudiantes, siente sus miradas hacia ella por medio de los reflejos de sus ojos verdes que permanecen fijos hacia adelante. A lo lejos está él, lo mira de reojo y entra a su salón con la misma arrogancia con que comía.
Llega la clase con el profesor Richard, Elizabeth siempre odió a ese tipo, tal vez por su forma poco casual de vestir o porque hasta sus gafas son aburridas. Ahora toca dibujar, coge su color rojo y plasma el corazón que le recuerda a su amado y luego de una eternidad puede ir, por fin, a su lujoso hogar.
Cuando llega no hace mucho, sólo se queja del almuerzo tan inmundo que sirvieron en la mesa. Luego de almorzar, pregunta casualmente por sus padres pero nadie le da razón, entonces decide salir un rato con las amigas para reírse de la no muy confiable población de estudiantes.
Así era cada día, sin mucho que contar de nuevo, a menos que su padre llegara con ningún regalo. Pero ahí, en ese preciso momento en que rezaba por obtener su celular de última moda se acordó de ellos dos, se siente atormentada por su ausencia absoluta. Y luego… después de mucho pensar, se queda dormida con la misma ternura de cualquier niña. Sueños confusos, sueños mudos, sueños inciertos.

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